Para Canadá el sur también existe

Cuando se habla de Canadá muchos piensan en ese país muy frío y muy tranquilo que está más arriba de los Estados Unidos. Un país “grande pero no tanto”, o al menos no tan notable como su absorbente vecino del sur, y sobre todo muy lejano de Latinoamérica.

Pese al estereotipo geopolítico, Canadá tiene a América Latina y al Caribe entre sus prioridades de política exterior. Las cifras y las acciones parecen dibujar una relación más “cálida” de la que muchos sospechan.

Misiones de supervisión electoral -la más reciente en las presidenciales de El Salvador-, ayudas a la promoción de conversaciones de paz en Colombia, promoción de minería responsable en Perú o asistencia a damnificados de huracanes en Cuba son algunas señales de la presencia canadiense en la región.

Según la cancillería canadiense -que es a la vez el ministerio de Comercio Exterior- el país es el tercer inversionista en la zona con US$100.000 millones (excluyendo a México), lo que es cinco veces las inversiones que realiza en Asia

Además, las exportaciones canadienses a países del sur de América han crecido más del 92% entre 2003 y 2007.

Lo comercial va aparejado por un creciente intercambio humano. Según el censo de 2006 el 11% de los inmigrantes en Canadá proviene de América Latina y el Caribe, mientras que 2,5 millones canadienses viajan anualmente a la región, que es el segundo destino después de EE.UU.

 Por muchos años los canadienses no vimos por encima de nuestro vecino del sur y principal socio comercial, EE.UU, aunque había negocios, había relaciones, había mucho turismo canadiense en la región

Importancia relativa

 Los ministros de finanzas de México y Canadá se encontraron recientemente en el Reino Unido.

Para Peter Hakim, presidente de Diálogo Interamericano, fue en 1989 cuando “Canadá decidió que no era más un país europeo, sino uno americano”, cuando ingresó a la Organización de Estados Americanos (OEA) y otras instituciones hemisféricas.

En conversación con BBC Mundo Hakim resaltó los beneficios actuales y potenciales que pueden obtener América Latina y el Caribe de la atención que ha decidido prestarle a la región una de las diez grandes economías del planeta.

Sin embargo, asegura que hay que “relativizar” el enfoque americanista de la diplomacia canadiense porque “Canadá está muy concentrado en EE.UU. y lo que queda para dedicarle al resto del mundo es muy poco”.

“El que América Latina sea la segunda o tercera prioridad de Canadá no significa que sea relativamente más importante para Canadá que para EE.UU.”, afirmó Hakim, quien reconoce la importancia de las inversiones canadienses en la región, particularmente en el área de la minería.

Para Hakim, la estrecha relación entre Canadá y EE.UU. le otorga una doble influencia internacional.

“Uno porque Canadá es cercano a EE.UU. y es un buen interlocutor. Pero al mismo tiempo es muy distinto a EE.UU. y puede tomar decisiones como las relativas a Cuba. Ese equilibrio es lo que tiene que vender Canadá”.

“Buena marca”

 En A. Latina parece existir un gran desconocimiento sobre el vecino del norte.

Años atrás unos colegas de la BBC que trabajaban en el Medio Oriente con quienes hice un entrenamiento periodismo en ambientes hostiles aconsejaron a nuestra clase llevar siempre una banderita canadiense en la mochila, porque “es bueno ser de un país simpático”.

“Si te topas con unos extremistas locales no quieres que te identifiquen como estadounidense o británico”, afirmaron y explicaron que ser canadiense “es lo más seguro”.

“Canadá es una buena marca, como Suecia o Dinamarca. Es un país democrático, generoso en su ayuda, no está metido en aventuras militares, no presiona a otros países”, concuerda Peter Hakim de Diálogo Interamericano.

Con esa imagen es que Canadá busca brincar el muro estadounidense en sus relaciones con la parte sur del hemisferio.

Aunque las redefiniciones de política internacional que ha puesto en marcha el gobierno del presidente Barack Obama buscan rescatar la relación de Washington con sus vecinos latinoamericanos, queda claro que ésta seguirá estando en segundo plano frente a las “responsabilidades globales” estadounidenses.

Mientras la región sigue procurando el no siempre bien correspondido amor estadounidense, puede beneficiarse de los útiles requiebros de un igualmente poderoso socio económico.

De Carlos Chirinos-Vásquez
BBC Mundo.

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